Los Padres Helicóptero: Momento Para Negociar la Licencia de Vuelo

 

Todos hemos visto los titulares: “Advertencia, Padres Helicóptero a 1000 pies!”; “Padres Helicóptero Aterrizan en Recintos Universitarios”; “Padres Helicóptero, Derribarlos a Tierra.” Aplicar a la universidad es uno de los momentos más difíciles para los padres y los estudiantes. Es la cristalización de lo que ha sido, para muchos, años de larga espera. Pero más allá de completar las solicitudes, las estresantes pruebas estandarizadas, y la enorme inversión financiera para lograr la meta final, los estudiantes y los padres también deben enfrentar el hecho de que el comenzar la universidad trae consigo una serie de responsabilidades nuevas. Ya sea que el estudiante se vaya a estudiar fuera o que permanezca en una universidad local, todo esto significa más independencia, debe adaptarse y alcanzar un grado mayor de autosuficiencia.

¿Cuánto, entonces, se considera como demasiada la intervención de los padres durante el proceso de solicitud para la universidad? ¿Cuál es el límite entre querer lo mejor para un hijo y ser un padre helicóptero, que está encima constantemente?

Muchos expertos, tanto psicólogos como consejeros de admisión, argumentan que los estudiantes con padres helicóptero, quienes estan constantemente rondándolos, pueden causar a sus hijos más daño que bien. Los estudiantes que no están acostumbrados a resolver los problemas de forma independiente o que no están nisiquiera familiarizados con lo que significa una derrrota, tienden a tomar menos riesgos en sus vidas, y no desarrollan la base fundamental que deberán tener para lograr superar las dificultades que se presentarán en el camino. Crecer con Padres Helicóptero garantiza a sus hijos que tendrán los recursos que van a necesitar para la universidad, pero esto no necesariamente significa que sus hijos sabrán qué hacer con estos recursos cuando no hay nadie que este constantemente encima de ellos.

Aunque no hay reglas ni guías que cuantifiquen cuánto es demasiado, es importante recordar que el estudiante es quien solicita la admisión, no son los padres. Como tal, debemos  empujar a los estudiantes a hablar por sí mismos en sus solicitudes y transmitir a los comités de admisiónes lo que ellos, no sus padres, quieren y les apasiona. Si se tienen preguntas, son los estudiantes y no los padres, lo que deben comunicarse con la oficina de admisión.

Los oficiales de admisiones saben cuándo los padres han exagerado su rol en la solicitud de su hijo o hija. El primer paso que un padre de familia debe tomar durante este proceso y quizas sea el mas simple: Cuando se hable de las solicitudes, no debe de referirse a ello como “nuestras solicitudes”.  Esto puede ser muy aterrador y difícil para los padres, pero cuando se llega el momento de ir a la universidad es el momento en que los padres de familia deben dar un paso atrás y lanzar a sus hijos al mundo. Ciertamente esto es a lo que algunos se refieren como padres satelites—tan lejos en el espacio que son inalcanzables—no es alternativa para los padres helicóptero.

Tal vez en este momento tan difícil es cuando los padres deben ser el apoyo terrestre para sus hijos, casi como los controladores de tráfico aéreo, asegurándose de que sus hijos—sus adultos jóvenes— son capaces de despegar. Hay que tener confianza en ellos. Después de todo, como padres de familia, les han dado a sus hijos las herramientas necesarias para saber aterrizar ocupando el asiento del piloto.

 

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